Ágiles, pero vulnerables

La moto lleva años ganando terreno en la ciudad. Ágil –en todas las comparativas, ‘ahorra’ un tercio el tiempo de viaje respecto a un turismo–, ocupa 5 veces menos espacio que un turismo, se aparca con facilidad… Por ello y a pesar de la pandemia, sus ventas crecieron en Europa un 1% en 2020 –según la Asociacón Europea de Fabricantes de Motocicletas– y, aunque la Covid-19 afectó a su uso, en el desconfinamiento creció su uso, como todos los vehículos no compartidos.

La DGT autorizó hace años la conducción de motos de hasta 125 c.c. a conductores que tuvieran el permiso B y 3 años de antigüedad.

Otro ejemplo de su avance como elemento de movilidad son los sistemas de uso compartido, presentes en numerosas ciudades a través de empresas como Muving, eCooltra, Acciona…, que se alquilan y pagan a través de apps en teléfonos inteligentes.

También hay muchas iniciativas municipales para favorecer su uso: por ejemplo, algunas ciudades han habilitado zonas de aparcamiento reservado para motos o permiten aparcarlas en las aceras –en función del ancho y de que dejen espacio al peatón–; otras eximen de pagar en las zonas de estacionamiento regulado a las motos eléctricas, las permiten circular por carriles especiales o implantan zonas de parada avanzada ante los semáforos… Incluso, hay comunidades autónomas dan ayudas para motos eléctricas.

Además, la modificación del Reglamento de Circulación que prepara la DGT afectará a las motos. Por ejemplo, implantará la posibilidad de circular por el arcén (en zonas congestionadas y, como máximo, a 40 km/h) o obligará a usar guantes, abrirá la llegada de nuevos elementos tecnológicos de seguridad o regulará los intercomunicadores.

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Información de la DGT:Enlace de la noticia

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